Cuenta una leyenda, que la gata favorita de Mahoma, Muezza, estaba profundamente dormida sobre la túnica del profeta, cuando alguien le llamó. Entonces, para no interrumpir el descanso de su animal favorito, cortó su túnica y abandonó la habitación muy despacio, con extremo cuidado y volviendo la vista hacia atrás enternecido.
Los turcos describen la curiosa variedad de gatos blancos con ojos dispares como "regalos de Alá" o "tocados por Alá". Quizá porque algunos gatitos blancos nacen con marcas de color en su cabeza, las llamadas "marcas de Alá". O tal vez porque Muezza, la gata idolatrada por Mahoma de la que ya hablamos, era un ejemplar blanco de ojos dispares…
Otro mito habla de los llamados "gatos de los deseos": si alguien tiene un deseo muy fuerte, para que se cumpla debe colocar un gato en su regazo y susurrar en el oído del animal su petición. Después le ofrecerá abundantes golosinas, y si al gato le gustan, el deseo se cumplirá. Pero esto sólo ocurre si es realmente un "gato de los deseos". Aunque nadie sabe de su existencia con seguridad, porque trae mala suerte si alguien cuenta que gracias a su gato su deseo se ha hecho realidad…
Según una superstición del pueblo turco, su líder Mustafa Kemal Atatürk (fundador de la República de Turquía) renacerá algún día y se reencarnará en un Angora Turco blanco con un ojo verde y otro ámbar. Es por esto que los gatos con ojos dispares son reverenciados en Turquía y reciben el nombre de Ankara kedi.
La relación del Islam con los gatos es muy curiosa: un devoto de Mahoma debe respetar y cuidar a todas las criaturas de Alá. Debe alimentarlas, pero no permitirles que compartan su mismo espacio vital. Por esta razón, los mercaderes turcos, especialemente los vendedores de alfombras, tienen a sus Angoras Turcos en sus tiendas y almacenes.
De esta forma, este grupo social relativamente adinerado ha conseguido preservar esta raza y ayudarles a reproducirse sin contradecir sus creencias y sin tener problemas existenciales. Y por ello, el Angora Turco es también un símbolo de cierto "status" social y se considera que, si alguien te lo regala, te concede un gran honor.
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viernes, 29 de abril de 2011
LA LEYENDA DEL GATO SIAMESES
LA LEYENDA DEL GATO SIAMESES
Cuenta la leyenda que los gatos siameses eran muy difíciles de obtener y era sólo regalo como un favor especial del Rey de Siam, reino ahora conocido como Tailandia, que mantuvo la raza enteramente dentro de su palacio como el gato real de Siam.Era considerado un animal sagrado. Sus dueños eran de sangre real y/o sacerdotes.El robo de uno de los Gatos Reales de Siam de la Corte Real era castigado con la muerte.El primer siamés que apareció en Inglaterra fue un obsequio del Rey de Siam a el Cónsul General Británico en Bangkok –Owen Gould- en realidad fue una pareja de siameses y estos fueron exhibidos en Londres, por su hermana, un año después en Palacio de Cristal en 1871 y ellos aparecieron en exposiciones Americanas por el siglo XX temprano. Entre 1884 y el fin del siglo varios gatos siameses se importaron en este país y fueron registrados. Nacía una raza, show y competencias.Se cuenta que los gatos siameses solían tomar parte de los funerales de los reyes tailandeses. Se los colocaba dentro de la tumba del monarca y cuando salían por un orificio dejado para tal propósito, se decía que el alma del rey había entrado en el gato como parte de su viaje a la siguiente vida.El Siamés es, quizás, una de las razas de gatos más conocidas a nivel popular.
El color del Siamés original era el clásico “seal point” (color foca): puntos castaños y cuerpo color crema cálido. Con el paso del tiempo, los criadores desarrollaron más colores con sus programas de cría, pero llevó mucho tiempo reconocerlos. Recién en 1931 se aceptó el color blue como una variedad más. En los 50s y 60s se aceptaron los colores chocolate y lilac point y, aproximadamente a mediados de los 60s, se aceptaron los tabby points y los red points. Aún hoy, entidades como la CFA (USA) no reconoce otros colores que los clásicos seal, blue, chocolate y lilac. El siamés original tenía ojos estrábicos y anillas en la cola. El estrabismo y los nudos (kinks) en la cola son considerados hoy faltas graves, pero alguna vez fueron tan comunes que se tejieron toda clase de leyendas alrededor de ellos. Una leyenda cuenta sobre una valiosa copa perdida y dos gatos Siameses encargados de buscarla. Cuando ellos encontraron la copa, un gato se quedó para cuidarla mientras el otro regresó con las buenas noticias.
El gato de guardia, una hembra, estaba tan angustiada de poder extraviarla nuevamente que ciñó su cola herméticamente alrededor de ella y la sostuvo tan firme que su cola se retorció permanentemente. Y todo el tiempo en que estuvo esperando el regreso del otro gato, miró fijamente la copa pues temía que ésta desapareciera y sus ojos quedaron bizcos.Otra leyenda cuenta sobre una princesa que, cuando tomaba sus baños, temía que le robasen sus anillos y entonces se los confió a su gato Siamés. Ella puso los anillos en la cola del gato pero, cuando el gato se durmió, los anillos se cayeron. Así que la princesa ató un nudo en la cola del gato para que esto nunca pudiera pasar de nuevo.
Cuenta la leyenda que los gatos siameses eran muy difíciles de obtener y era sólo regalo como un favor especial del Rey de Siam, reino ahora conocido como Tailandia, que mantuvo la raza enteramente dentro de su palacio como el gato real de Siam.Era considerado un animal sagrado. Sus dueños eran de sangre real y/o sacerdotes.El robo de uno de los Gatos Reales de Siam de la Corte Real era castigado con la muerte.El primer siamés que apareció en Inglaterra fue un obsequio del Rey de Siam a el Cónsul General Británico en Bangkok –Owen Gould- en realidad fue una pareja de siameses y estos fueron exhibidos en Londres, por su hermana, un año después en Palacio de Cristal en 1871 y ellos aparecieron en exposiciones Americanas por el siglo XX temprano. Entre 1884 y el fin del siglo varios gatos siameses se importaron en este país y fueron registrados. Nacía una raza, show y competencias.Se cuenta que los gatos siameses solían tomar parte de los funerales de los reyes tailandeses. Se los colocaba dentro de la tumba del monarca y cuando salían por un orificio dejado para tal propósito, se decía que el alma del rey había entrado en el gato como parte de su viaje a la siguiente vida.El Siamés es, quizás, una de las razas de gatos más conocidas a nivel popular.
El color del Siamés original era el clásico “seal point” (color foca): puntos castaños y cuerpo color crema cálido. Con el paso del tiempo, los criadores desarrollaron más colores con sus programas de cría, pero llevó mucho tiempo reconocerlos. Recién en 1931 se aceptó el color blue como una variedad más. En los 50s y 60s se aceptaron los colores chocolate y lilac point y, aproximadamente a mediados de los 60s, se aceptaron los tabby points y los red points. Aún hoy, entidades como la CFA (USA) no reconoce otros colores que los clásicos seal, blue, chocolate y lilac. El siamés original tenía ojos estrábicos y anillas en la cola. El estrabismo y los nudos (kinks) en la cola son considerados hoy faltas graves, pero alguna vez fueron tan comunes que se tejieron toda clase de leyendas alrededor de ellos. Una leyenda cuenta sobre una valiosa copa perdida y dos gatos Siameses encargados de buscarla. Cuando ellos encontraron la copa, un gato se quedó para cuidarla mientras el otro regresó con las buenas noticias.
El gato de guardia, una hembra, estaba tan angustiada de poder extraviarla nuevamente que ciñó su cola herméticamente alrededor de ella y la sostuvo tan firme que su cola se retorció permanentemente. Y todo el tiempo en que estuvo esperando el regreso del otro gato, miró fijamente la copa pues temía que ésta desapareciera y sus ojos quedaron bizcos.Otra leyenda cuenta sobre una princesa que, cuando tomaba sus baños, temía que le robasen sus anillos y entonces se los confió a su gato Siamés. Ella puso los anillos en la cola del gato pero, cuando el gato se durmió, los anillos se cayeron. Así que la princesa ató un nudo en la cola del gato para que esto nunca pudiera pasar de nuevo.
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