viernes, 29 de abril de 2011

LA LEYENDA DEL GATO SIAMESES

LA LEYENDA DEL GATO SIAMESES

Cuenta la leyenda que los gatos siameses eran muy difíciles de obtener y era sólo regalo como un favor especial del Rey de Siam, reino ahora conocido como Tailandia, que mantuvo la raza enteramente dentro de su palacio como el gato real de Siam.Era considerado un animal sagrado. Sus dueños eran de sangre real y/o sacerdotes.El robo de uno de los Gatos Reales de Siam de la Corte Real era castigado con la muerte.El primer siamés que apareció en Inglaterra fue un obsequio del Rey de Siam a el Cónsul General Británico en Bangkok –Owen Gould- en realidad fue una pareja de siameses y estos fueron exhibidos en Londres, por su hermana, un año después en Palacio de Cristal en 1871 y ellos aparecieron en exposiciones Americanas por el siglo XX temprano. Entre 1884 y el fin del siglo varios gatos siameses se importaron en este país y fueron registrados. Nacía una raza, show y competencias.Se cuenta que los gatos siameses solían tomar parte de los funerales de los reyes tailandeses. Se los colocaba dentro de la tumba del monarca y cuando salían por un orificio dejado para tal propósito, se decía que el alma del rey había entrado en el gato como parte de su viaje a la siguiente vida.El Siamés es, quizás, una de las razas de gatos más conocidas a nivel popular.
El color del Siamés original era el clásico “seal point” (color foca): puntos castaños y cuerpo color crema cálido. Con el paso del tiempo, los criadores desarrollaron más colores con sus programas de cría, pero llevó mucho tiempo reconocerlos. Recién en 1931 se aceptó el color blue como una variedad más. En los 50s y 60s se aceptaron los colores chocolate y lilac point y, aproximadamente a mediados de los 60s, se aceptaron los tabby points y los red points. Aún hoy, entidades como la CFA (USA) no reconoce otros colores que los clásicos seal, blue, chocolate y lilac. El siamés original tenía ojos estrábicos y anillas en la cola. El estrabismo y los nudos (kinks) en la cola son considerados hoy faltas graves, pero alguna vez fueron tan comunes que se tejieron toda clase de leyendas alrededor de ellos. Una leyenda cuenta sobre una valiosa copa perdida y dos gatos Siameses encargados de buscarla. Cuando ellos encontraron la copa, un gato se quedó para cuidarla mientras el otro regresó con las buenas noticias.
El gato de guardia, una hembra, estaba tan angustiada de poder extraviarla nuevamente que ciñó su cola herméticamente alrededor de ella y la sostuvo tan firme que su cola se retorció permanentemente. Y todo el tiempo en que estuvo esperando el regreso del otro gato, miró fijamente la copa pues temía que ésta desapareciera y sus ojos quedaron bizcos.Otra leyenda cuenta sobre una princesa que, cuando tomaba sus baños, temía que le robasen sus anillos y entonces se los confió a su gato Siamés. Ella puso los anillos en la cola del gato pero, cuando el gato se durmió, los anillos se cayeron. Así que la princesa ató un nudo en la cola del gato para que esto nunca pudiera pasar de nuevo.

ORIGENES GATO

Sobre los orígenes del gato doméstico se cuentan curiosas leyendas: Los griegos decían que la diosa Diana lo había creado para ridiculizar al león, creado por su hermano el Dios Apolo.En la cultura hebrea se cuenta que antes del diluvio, Noé embarcó a todos los animales vivientes, y no pudo incluir a ningún gato puesto que no existían. Cuando comenzaron a navegar en medio de la lluvia torrencial, las ratas y los ratones empezaron a consumir las provisiones, que pronto empezaron a escasear. Noé desesperado, rogó entonces a Dios que le enviara los medios para solucionar este problema y Dios le envió un remedio inesperado: el león empezó a estornudar y de sus narices salieron gatitos pequeños que enseguida empezaron a cazar los ratones para solucionar el “problema”.
Los egipcios consideraban al gato como un ser divino. La diosa Bast (Bastet) era representada con cabeza de gato. Su culto se realizaba en la ciudad de Bubastis, donde había un cementerio con gatos momificados.El historiador griego Herodoto comentó que en el país del Nilo, cuando estallaba un incendio, lo primero que hacían sus habitantes era salvar a los gatos y que si alguien mataba a uno de ellos, era condenado a muerte.
En la Edad Media, la suerte del gato cambió considerablemente. Se le consideraba unido a seres diabólicos, vinculado con brujos y hechiceros, y numerosas supersticiones se refirieron a él.Se creía que si se ahogaba a un gato, su dueño sería desgraciado durante 7 años, o si el animal se sentaba en el altar antes del matrimonio, el matrimonio sería desdichado y efímero, o si se cruzaba un gato negro, era seguro que ocurriría una desgracia.El Papa Inocencio III dio una orden de exterminar a todos los gatos y a sus dueños. Felizmente, tan tremendo mandato no se cumplió del todo y muchos consiguieron salvarse.
Luis Pasteur, el inventor de la vacuna antirrábica, afirmó que el gato que era el animal más limpio y más desprovisto de virus y bacilos.
Para los celtas, los ojos del gato representaban las puertas que conducían hacia el reino de las hadas.
Una leyenda oriental cuenta que los gatos siameses tenían la misión de proteger las ánforas llenas de oro en los templos dedicados a las divinidades. Cumplían tan bien su misión que, a fuerza de mirar la vasija, sus ojos se volvieron estrábicos y la cola, que sujetaba firmemente las asas, se retorció.
Para controlar a las ratas a bordo de los barcos, los armadores del siglo XVIII decidieron embarcar gatos. Allí donde naufragaban los barcos, los gatos solían escapar con vida. Esto explica cómo los felinos dométicos han llegado a lugares tan dispares como la isla de Marion, en la zona subantártica, o a las islas Galápagos.
Entre los galos, se castigaba la muerte de un gato con el equivalente de una oveja y su cordero, o a la cantidad de trigo necesaria para cubrir completamente el cadáver del gato suspendido por la cola, con el hocico tocando el suelo.
Los egipcios inoculaban a los gatos algunas gotas de su sangre para protegerles de las enfermedades y los malos espíritus. Estaba prohibido matar a un gato, bajo pena de muerte, y cuando el gato moría, los egipcios se afeitaban las cejas en señal de duelo.
Entre los machica, pueblo predecesor de los incas, el gato eraconsiderado una divinidad de orden superior.
Hoy en día, es acogido con cariño en todos los hogares, y en las preferencias populares, ocupa el segundo lugar después del perro.

Historia y leyenda del felino

Historia y leyenda del felino

Un animal independiente con una personalidad tan especial que, inevitablemente, provoca tanto adoración incondicional como odios desmedidos. Si en una época fue objeto de reverencia para los egipcios, en otra se lo acusó de demonio compañero de brujas. Hoy, junto con el perro es el animal doméstico más difundido.
Cuenta la leyenda que, en el momento de la Creación, todos los animales puestos en fila, y cada uno a su turno, le pedían a Dios el atributo que más querían. El pavo real deseaba belleza; la gacela, rapidez; el león, coraje; el caballo, gracia; y así cada uno hizo su pedido. El gato, que era el último de la fila, escuchó bien todos los pedidos, y cuando llegó su turno pidió un poco de cada uno de esos atributos, sin dejar de lado ninguno.

Esta es la causa por la que el gato se convirtió en uno de los animales más perfectos.

Más allá de la historia y de los gustos, nadie puede negar que los gatos son la elegancia y belleza personificada.

Reverenciados en el tiempo de los faraones egipcios y denostados durante la Inquisición -cuando se los asociaba con el diablo- porque acompañaban a las brujas; pero afortunadamente, para ellos que realmente son excelentes mascotas, cariñosos, limpios y compañeros, pero......, hay que aceptar su independencia y no juzgarlo por algo natural de su personalidad. Hay muchas personas que le tenían rechazo por diferentes razones, generalmente asociadas a creencias erróneas y cuando ellos mismos le dieron la oportunidad al gatito y lo adoptaron como mascota, su opinión con respecto a ellos cambia en forma radical y se pasan al bando de los defensores.

En la actualidad compite cabeza a cabeza con los perros, los compañeros del ser humano desde el principio de los tiempos. En Europa y Norteamérica existen, en la actualidad, al menos tantos gatos como perros. Solo en Estados Unidos existen 50 millones de gatos.

Los gatos fueron objeto de culto en Egipto debido a su habilidad para hacer disminuir la población de ratones en los campos de cereales del Nilo, de capital importancia económica. La diosa egipcia Bastet, representada con cuerpo de mujer y cabeza de gato, era la diosa del amor y la fertilidad. Los gatos eran también un deporte para los egipcios; atados a correas cazaban pájaros para la mesa familiar: el amo lanzaba un boomerang que derribaba los pájaros para que el gato los recogiera y entregara al amo. Debido a su utilidad económica, y a que se creía que concedían muchos hijos, los gatos eran tan reverenciados que a veces se momificaban para enterrarlos con sus amos o en tumbas diseñadas para tal efecto.

Pese a que las leyes egipcias prohibían sacar del país los gatos sagrados, los marinos fenicios se los llevaban de contrabando. Los gatos se vendían igual que otros tesoros de Oriente y, en la antigüedad, se encontraban a lo largo de toda la costa mediterránea. Al parecer, los romanos fueron los primeros en introducirlos en Europa.

La valía de los gatos como depredadores fue reconocida a mediados del siglo XIV, cuando una plaga originada por ratas, conocida como la peste negra, atacó a la población europea. Pese a todo, durante la edad media los gatos eran odiados y temidos.
Debido a sus hábitos nocturnos se creía que tenían trato con el diablo. Esta asociación del gato con la brujería ha sido la culpable de muchos actos de crueldad hacia él a través de los siglos.
El renacimiento, sin embargo, fue una época dorada para los gatos. Casi todo el mundo tenía alguno, desde los miembros de las casas reales y sus sirvientes hasta el campesinado.

El Gato y la Brujería

El Gato y la Brujería

Popularmente a las brujas se las asocia con ciertas imágenes.

El típico sombrero negro, viejas y feas, con espantosas verrugas en la nariz, un gato negro de compañero, la infaltable escoba para volar, y un gran caldero humeante al fuego...

Pero no todas las historias sobre brujas las pintan tan horripilantes, algunas hablan de mujeres muy hermosas, con ojos seductores, y que tienen la capacidad mágica de transformarse en cualquier otra persona o animal, y con sus encantos logran sacar ventaja de otros y someterlos a su poder.

En la tradición Celta se relata que las brujas consideraban como sus mejores amigos a los gatos erizos, en especial los de color negro. La Bruja utilizaba a su gato, como su sirviente mensajero o secretario y también se decía que era alguna persona transformada por un conjuro, doblegando su voluntad.




Durante la Edad Media nace la falsa creencia de considerar al gato negro como de mal agüero, por pensar que cumplían mandatos de las brujas y esto dio lugar a que los fanáticos sacrificaran a miles de estas bellas e inocentes criaturas. En otros continentes como el Africano los brujos de las tribus zulúes preferían a los gatos de color cobrizo en lugar de los negros.

Según cuenta la leyenda, en el Arca Noé, los ratones se reproducían de una manera alarmante, haciendo peligrar las provisiones por lo que Noé preocupado solicitó ayuda del Señor, quien le indicó que debía acariciar tres veces la cabeza del león. Noé hizo lo que Dios le dijo y el león estornudó surgiendo de sus fosas nasales una pareja de gatos que restablecieron de inmediato el equilibrio en la embarcación.



El gato es un felino cuya historia y origen se remontan al antiguo Egipto. Los egipcios inoculaban a los gatos algunas gotas de su sangre para protegerlos de las enfermedades y los malos espíritus. Estaba prohibido matar a un gato, y la pena por hacerlo era de muerte, era tanto el respeto que existía por este noble animal que cuando el gato moría los egipcios se afeitaban las cejas en señal de duelo.

Los gatos eran animales salvajes que comenzaron su proceso de domesticación hacia el año 3000 a. C., debido a la abundancia de ratones que pululaban en los silos de grano que existían en Egipto. El gran valor del gato como cazador de ratones hizo que los egipcios intentasen y lograsen su convivencia doméstica, pese a lo cual el gato no perdió su status divino. La religión del antiguo Egipto incluyó el gato entre sus símbolos sagrados, estaba considerado como la reencarnación de los dioses en el trance de comunicarse con los hombres y manifestarles su voluntad.



La misma belleza del animal hizo que la diosa Bastet, símbolo de belleza y fecundidad, fuese representada con cabeza de gato.

Fue tal la adaptación del gato a la vida cotidiana de los egipcios, que su muerte era motivo de duelo familiar; Herodoto, en Los nueve libros de la Historia, manifiesta que los moradores de la casa se rapaban las cejas en señal de duelo. Tras su muerte, su cuerpo se embalsamaba y momificaba en locales sagrados, y en el lugar de su enterramiento se colocaba junto a ellos ratones embalsamados. En 1890 fueron halladas en la ciudad de Bubastis amplias necrópolis con más de 300.000 momias de gatos.



Los griegos, conocedores del valor del gato como cazador de ratones, intentaron comprar una pareja para hacerlos criar en Grecia; dada la naturaleza sagrada del gato los egipcios se negaron a esta transacción. Pero los griegos, a pesar de este argumento o quizá debido a él, robaron una pareja que llevada a Grecia extendió la raza al resto de Europa.

Para los antiguos griegos, el origen del gato se remontaba a Artemisa, diosa de la caza, que había dado vida al gato para poner en ridículo a su hermano Apolo, que previamente había creado al león para asustarla.



Otra leyenda explica porque los gatos tienen su cola doblada, los gatos siameses tenían la misión de proteger las ánforas llenas de oro en los templos dedicados a las divinidades. Estos animalitos cumplían tan bien su tarea que de mirar la vasija sus ojos se volvieron estrábicos, y como sujetaban firmemente las asas con su cola esta tomó la forma que le conocemos.



Por otra parte los Celtas creían que los ojos de los gatos representaban las puertas que conducían hacia el reino de las hadas.

Entre los galos, se castigaba la muerte de un gato con el equivalente de una oveja y su cordero, o a la cantidad de trigo necesaria para cubrir completamente el cadáver del gato suspendido por la cola, con el hocico tocando el suelo.



Los gatos llevaron una existencia más que placentera hasta que la Iglesia, hacia mediados del siglo XIII, comenzó una terrible persecución contra ellos, considerándolos como símbolo del diablo y cuerpo metamórfico de las brujas.



El gato aparecía ligado al paganismo de la Edad Media a través del culto de la diosa Greya, diosa del amor y de la curación según la mitología nórdica. Esta diosa guardaba en su jardín las manzanas con las que se alimentaban los dioses del walhalla y en su iconografía aparecen dos gatos tirando del carro de la diosa y, como dice Julio Caro Baroja, una tergiversación de origen mítico es la de "confundir al animal que acompaña a un numen o divinidad con la divinidad misma". Por ello, el gato se convirtió en la base de las "purificaciones" de la Iglesia.

El aniquilamiento de los gatos fue de tal magnitud que cuando la peste negra azotó Europa en el siglo XIV, causando más de veinticinco millones de muertos, apenas sí quedaban ejemplares para luchar contra las ratas, principales propagadores de la enfermedad. Y sin ninguna duda, la plaga fue tan devastadora debido al desenfrenado exterminio de los gatos. La Iglesia alentó de tal forma la persecución de los gatos que llegó a convertirse en espectáculo la quema de estos pobres animalitos en las hogueras de la noche de San Juan.

En el siglo XIV, el Papa Clemente decidió acabar con la Orden de los Caballeros Templarios, acusándoles de homosexualidad y de adorar al demonio en forma de gato.



En el año 1400, la especie estuvo a punto de extinguirse en Europa. Su existencia se reivindica a partir del siglo XVII debido a su habilidad para la caza de ratas, causantes de tan temibles y desoladoras plagas. A partir del siglo XVIII el gato vuelve a conquistar parte de su antiguo prestigio, y no sólo se utiliza como cazador de roedores e insectos, sino que su belleza lo hace protagonista de cuadros, muy especialmente de los de la escuela inglesa, y de motivos escultóricos.



Para controlar a las ratas a bordo de los barcos, los armadores del siglo XVIII decidieron embarcar gatos. Allá donde naufragaban los barcos, los gatos solían escapar con vida. Esto explica cómo estos felinos han llegado a lugares tan dispares como la isla de Marion, en la zona subantártica, o a las Galápagos.



La historia de la brujería en el País Vasco relata un sin número de anécdotas sobre la transformación de las brujas y brujos en animales. Todas son de índole similar. En una de estas historias la protagonista, cansada de que un gato se bebiese la leche recién ordeñada todas las noches, esperó al animal y consiguió en su persecución herirle en una pata. Al sentirse herido el animal gritó como un ser humano. Al día siguiente una pobre vieja, considerada como bruja, amaneció herida en una pierna lo que acrecentó más aún esta creencia.

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EL GATO NEGRO



La dualidad del gato como símbolo de la divinidad y de la representación demoníaca, dio lugar a que en las supersticiones relacionadas con él se le considere representante de la mala o la buena suerte, según la circunstancia o lugar en que naciesen.

Se dice que un gato negro es realmente un vaticinio nefasto, si se cruza en el camino de una persona de derecha a izquierda. También que pierde este carácter de maldad si tiene un lunar blanco en alguna parte del cuerpo.

Existen pueblos en que el encuentro de un gato negro camino de la iglesia el día de la boda da buena suerte, mientras que en otros es símbolo de desgracias conyugales.

Se cree que el gato negro trae buena suerte en los juegos de azar, sobre todo si se toca alguno antes de que empiece el juego.

También se cree que tener un gato negro en casa es símbolo de buena fortuna.

Otra superstición mantiene que encontrarse un gato (no importa el color, sino la dirección) viniendo de cara por el camino trae buena suerte, mientras que verlo de espaldas trae mala suerte. Asimismo, es de buen augurio que un gato nos adelante en el camino.

Cuando un pescador sale de pesca, considera de buen augurio que un gato le preceda, pero muy malo si se le cruza en su camino.

La gente del mar suele estar muy atenta al comportamiento del gato a bordo. Es tradición popular que si el gato corre, juega o salta pronostica tormentas y galernas; si se arroja el gato por la borda o es ahogado en el mar sobrevendrán calamidades al navío y su tripulación.


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EL GATO Y LA ADIVINACIÓN



Se piensa que la conducta de los gatos manifiesta:

Si está boca arriba en el suelo, anuncia lluvia.

Si está sentado de espaldas al fuego predice frío y mal tiempo.

Si se lava las orejas avisa que habrá una visita masculina si se lava la derecha y femenina si se trata de la izquierda.


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EL GATO Y LA SALUD



Como remedio contra las enfermedades existían diversas pócimas en las que intervenía algún elemento del gato. Por ejemplo, para curar la tos ferina se hacía un brebaje con nueve pelos de la cola de un gato negro desmenuzados y remojados en agua que se daba a beber al paciente.

Se decía que pasar la cola de un gato negro por los párpados curaba los orzuelos.




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EL GATO Y OTRAS SUPERSTICIONES

En España se dice que una persona afortunada tiene siete vidas como los gatos.

Según la creencia popular el matar un gato o sus crías trae mala suerte, de aquí que algunos prefieran pagar a otros para que los maten en caso de ser muy necesaria su desaparición.

Soñar con un gato es de mal agüero.

En algunas regiones del sur de Estados Unidos todavía se piensa que, si se permite a un gato acercarse a un cadáver humano, una horrible desgracia caerá sobre la familia del difunto.

En Sicilia, un gato negro representa el mal de ojo.

En Kentucky existe la creencia de que la visita de un gato negro a una casa es señal de buena suerte, excepto si decide quedarse, en cuyo caso significaría infortunio.

En la Gran Bretaña del siglo XIX, el que un gato negro se paseara por delante de unos novios a punto de casarse representaba felicidad y fecundidad para los contrayentes.

En el pasado, los marineros consideraban que traía buena suerte tener un gato negro a bordo, aunque no se podía pronunciar la palabra "gato", pues hacerlo acarrearía grandes desgracias.

Las mujeres de los marineros solían tener un gato negro en casa para asegurarse de que sus maridos volverían sanos y salvos.

Pero más allá de todas estas creencias, puedo decir con certeza que el gato una vez que te adopta como su amigo, será sin duda tu mejor y más fiel compañero, dándote muestras constantes de su inmenso cariño...

UNA HISTORIA QUE EMPIEZA EN EGIPTO

UNA HISTORIA QUE EMPIEZA EN EGIPTO

En la antigüedad egipcia, el gato conoció su momento de gloria, ya que mataba las ratas, grandes devoradoras de cereales y ahuyentaba a las serpientes, muy numerosas a orillas del Nilo. Era admirado por su belleza y temido por sus cualidades “mágicas” que no eran otra cosa que la capacidad de sus pupilas para contraerse a la luz de la Luna y el Sol. Bastet, diosa de la fecundidad, era representada por una gata. Este animal era objeto de tal veneración que, cuando moría, toda la familia se afeitaba las cejas en señal de duelo; en caso de incendio, se salvaba primero al gato tutelar y, si moría entre las llamas, la familia superviviente se cubría de hollín y recorría las calles pregonando su culpabilidad. Matar un gato, incluso involuntariamente, era un delito castigado a menudo con la pena de muerte: el culpable era lapidado por el pueblo.

UN SEMIDIOS DESACRALIZADO EN EL MUNDO GRECORROMANO

Los gatos domésticos fueron exportados de manera fraudulenta desde Egipto por los mercaderes fenicios y se extendieron paulatinamente por todos los países mediterráneos. En Grecia, el recibimiento fue moderado porque la garduña ya ocupaba el puesto del gato y protegía las cosechas de los roedores: “¡Os lamentáis por un gato enfermo – dice el poeta griego Anezandrid a un egipcio – acabaría con él para quitarle el pellejo!”. El zócalo de una estatua, fechada en el año 80 a. C., muestra a unos jóvenes griegos azuzando a un perro contra un gato. La población helénica no lo adoró y se limitó a adoptarlo sin reconocer su talento depredador. Roma, en cambio, le otorgó el papel de compañero, cazador de ratas y encarnación de Bastet, la diosa. En el año 392, cuando el culto romano ya había fusionado la adoración a Bastet y a Diana, la prohibición de los ritos paganos decretada por el emperador cristiano Teodosio fue el punto de partida de una desconfianza súbita ante el gato que se mantendría durante siglos.


EL GATO EN ASIA

En China, el gato fue conocido a partir de la época de la dinastía Han, hace unos 3000 años, es decir, poco después de Egipto. Era un animal de compañía que solía reservarse a las mujeres, y a veces se le atribuyó el poder de atraer la mala suerte. Paradójicamente, también se le suponía la cualidad de alejar a los demonios gracias a sus ojos, que brillan en la noche. Según decían, Li – Show, divinidad silvestre, tenía incluso el aspecto de este felino. En el siglo VI d. C., el gato llegó a Japón, pero no se introdujo realmente en ese país hasta el año 999, a raíz del decimotercer aniversario del emperador Ichijo. A veces benéfico y cómplice, con su pelaje de concha de tortuga, a veces maléfico, con su cola bifurcada, el gato tuvo tanto éxito en Japón que una ley del siglo XVIII prohibió encerrar los ejemplares adultos y comerciar con ellos. Al igual que en Egipto, también fue venerado en la India, donde Sasti, diosa de la fecundidad, tomó apariencia de una gata. Quizá se trataba de la versión hindú de la egipcia Bastet.

LA EUROPA MEDIEVAL “DEMONIZA” AL GATO

La Europa de la Baja Edad Media no fue hostil hacia el gato, que, por sus dotes de cazador, se ganaba la simpatía de los campesinos. Se servían de él para combatir roedores de todo tipo, desafiando el juicio de la iglesia, que consideraba al animal como un ser demoníaco, en conventos y monasterios; incluso más de un santo medieval apreciaba su amistad. Por desgracia, el rebrote de los cultos paganos tras la peste negra y sus estragos (25 millones de muertos en 20 años), hacia mediados del siglo XIV, firmó la sentencia del pequeño felino, asociado a partir de entonces con los ritos “infernales”. La Inquisición, con el Papa Inocencio VIII y su edicto del año 1484, toleró el sacrificio de los gatos con ocasión de las fiestas populares. Ése fue el principio de un largo período de persecución.

QUEMADO CON LAS BRUJAS

A diferencia de perros, vacas, cerdos, etc., que eran juzgados por el tribunal, los gatos eran condenados a la vez que su dueño, brujo o bruja, y quemados vivos en la plaza pública, para gran regocijo de los mirones. Hubo que esperar al siglo XVII para que se terminasen esos malos tratos.

REHABILITACIÓN TARDÍA

A pesar de todo, numerosos hogares acogieron al gato durante este sombrío período, pero no se mencionó como animal hogareño en distintos textos hasta el siglo XVII. Escritores como Francisco de Quevedo o fabulistas como Félix María de Samaniego, y pintores de la talla de Velásquez o Murillo, describen un animal elegante y singular, cuya astucia, falsa modestia y eficacia de cazador lo convierten en un animal tan temible como su primo el zorro.

DEL SIGLO XVIII A LA ACTUALIDAD

Cuando por fin cambiaron las cosas, las persecuciones estuvieron muy cerca de diezmar la especie. Luego, la rata parda, recién llegada de Europa, trajo con ella la peste. Y en consecuencia, llegó también la rehabilitación del gato, hasta tal punto que el primero vendido al Paraguay, en 1750, fue canjeado por un lingote de oro. Estos pequeños cazadores empezaron entonces a prestar sus servicios en almacenes, oficinas, granjas y barcos. Algunas compañías de seguros exigían que los cargamentos estuvieran debidamente vigilados por todo un contingente felino en cada viaje. A mediados del siglo XIX, el gato se estableció definitivamente en los hogares, y no así el perro, que se vio relegado a la perrera.

EL BAUTIZO DE LOS GATOS

Bautizar a los gatos agita nuestras mentes,
no se trata de un popular jueguecillo.
Acaso pensaréis que me falta un tornillo
cuando alegue que un gato en su vida concilia tres nombres diferentes.
Viene primero el nombre que le da la familia,
Augusto, por ejemplo, Pedro, Alonso o Jacinto,
Víctor o Jonathán, Jorge o Perico Pinto,
todos nombres sensatos, normales, cotidianos,
aunque los hay de lujo, con ecos lisonjeros.
Hallaréis para damas y para caballeros:
Platón, Admeto, Electra, y el armonioso Uranos;
todos ellos vocablos cuerdos y cotidianos.
Pero sabed que un gato requiere un nombre suyo,
un nombre peculiar y mucho más conspicuo;
si no, ¿cómo podría su rabo alzar oblicuo,
o atusar sus bigotes o vigilar su orgullo?
De tal rango de nombres cate mentar un quórum:
¿Os gusta Munkustrap, Quaxo o Coricopato?
¿Qué tal Bombalurina, o quizá Jellylorum?
Nombres son que jamás adopta más de un gato.
Ah, pero todavía nos queda un tercer nombre,
el nombre inviolado que a nadie se dirá,
un nombre irreductible al esfuerzo del hombre;
sólo el gato lo sabe, y no lo dice, ¡quiá!
Cuando advirtáis que un gato cavila sin cesar,
la razón, de seguro, será siempre la misma:
fascinado ese gato, la mente se le abisma
pensando el pensamiento de su propio pensar
en aquel inefable,
sublime archinotable
profundo singular inescrutable Nombre.


Poema de T.E. Elliot- Premio Nobel Literatura Año 1948

Thomas Stearns Eliot nació en St. Louis, Missouri., el 26 de Septiembre de 1888. Estudió en la Universidad de Harvard y se graduó en Filosofía para más tarde trasladarse a Inglaterra con el fin de proseguir sus estudios. Sus obras tempranas "The Love Song of J. Alfred Prufrock" (1917) y 'The Waste Land' (1922) son las más reconocidas en el mundo literario. En 1948 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura.
Pero su obra más popular es un pequeño libro de poemas para niños escrito en 1939 llamado 'Old Possum's Book Of Practical Cats'. 'Old Possum' es el apodo que T.S. Eliot tenía en el colegio. Andrew Lloyd Webber les puso la música a esos versos y puso en escena la famosa obra musical de Broadway y del West End Londinense, 'Cats'.

Notas interesantes sobre los gatos:

Notas interesantes sobre los gatos:
Se dice que el gato mas parecido a Bastet es el Abisinio
Palabras de Ra en el Libro de los Muertos: "Yo soy el Gran gato que inauguró el árbol Yeshed en la Ciudad del Sol, aquella noche en que fueron anonadados los enemigos del Dueño del Universo."

Ra se consideraba un gato, es extraño que no fuese representado como tal.


Cuando tomamos en nuestros brazos ese cálido cuerpecito, cuando escuchamos sus ronroneos y acariciamos su suave manto, en lo que menos pensamos es en los orígenes de ese minino que nos acompaña y a quien tanto queremos y mimamos.

Los orígenes de los gatos datan de más de dos millones de años, pero su domesticación comenzó en Egipto hace aproximadamente seis mil años.

Los egipcios descubrieron que el gato era un excelente depredador y representaba la mejor manera de librarse de los ratones que se habían convertido en un serio problema para los granos. Sin embargo, el gato en Egipto no fue un simple animal de compañía o una mascota, sino que alcanzó proporciones sagradas.

Según la mitología de este pueblo, su dios, Ra, cansado de la rebelión de los hombres, envió a su hija Sekhnet, en forma de leona para que los controlara, pero ella decidió asesinarlos. A Ra no le gustó el comportamiento de su hija y envió a Onuris quién la amansó y la convirtió en Bastet.

Bastet diosa de gran bondad, personificaba la maternidad, la música, la danza y la alegría y se representaba como una elegante y estilizada mujer con cabeza de gata.
A partir del surgimiento de esta diosa, el gato se volvió un animal sagrado, las leyes lo protegían y la religión los veneraba. Se les trataba como un miembro más de la familia; si el gato moría, debía guardarse luto, de ahí que se hayan encontrado grandes cantidades de momias de gatos en excavaciones arqueológicas.


Pero no sólo la cultura egipcia adoraba a los gatos, también los Incas y en la India han aparecido referencias de gatos en textos antiguos.

El gato llegó a Europa llevado por los fenicios y los romanos. Los romanos proclamaron severas leyes y penas para proteger a los gatos; para ellos los felinos simbolizaban la victoria y los llevaban a las batallas; su diosa Libertas era representada con forma de gato.

Pero no todo fue gloria para el minino pues cayeron en desgracia cuando se les comenzó a asociar con la brujería y el satanismo. Bastaba tener un gato para ser acusado de brujería; los quemaban y mataban en ritos religiosos hasta que Napoleón Bonaparte declaró su amor por ellos con el objetivo de que se volvieran a tener gatos en las casas y de esta manera se contrarrestaran las plagas de ratas que azotaban toda Europa. Se dice que la matanza de gatos fue lo que originó la peste negra que asoló al Viejo Continente.

Colaboración de Daisy Maita Martínez - Caracas, Venezuela